Actos de inauguración de la nueva sede colegial del

Colegio Oficial de Veterinarios de León

 

 

Notas históricas sobre los Colegios de Veterinarios en España:

 

 el Colegio Oficial de Veterinarios de León

 

 

 

Prof. Dr. Miguel Cordero del Campillo

 

Catedrático emérito de la Facultad de Veterinaria de León

 

 

 

 CONFERENCIA IMPARTIDA CON MOTIVO DE LA INAUGURACIÓN DE LA NUEVA SEDE DEL COLEGIO OFICIAL DE VETERINARIOS DE LEÓN.

 

LEÓN, 21 DE MAYO DE 2005.

 

   -O-O-O-O-O-

 

1.      Introducción

 

Decía Marco Tulio Cicerón a Marco Terencio Varrón que, antes de él, los romanos no sabían quienes eran, ni dónde estaban, algo así como si fueran extranjeros en su propia tierra, pero que Varrón les había descubierto la edad de su patria, las épocas de su historia, del derecho sacro y el profano y, en una palabra, los saberes humanos y los divinos.

 

            De San Isidoro, patrono de la Universidad de León, decía su discípulo Braulio, en el siglo VII, que había sido para Hispania – ese “país” cuya existencia niegan algunos en nuestros días –  lo que Varrón para Roma.

 

            Tomo esta larga cita de A. Fontán (2001) para mostrar la intención que me anima al pronunciar unas palabras con motivo de la inauguración de la nueva sede del Colegio Oficial de Veterinarios de León, para que, al tiempo que me sirva de justificación, pueda incitar a los colegas a conocer nuestro pasado.

 

 

 

2.      Precisiones terminológicas

 

            Del mismo modo que un muchos textos legales se habla del “profesor veterinario”, para designar al “profesional veterinario”, sin tener nada que ver con el dedicado a la enseñanza  veterinaria, en muchos textos oficiales del siglo XIX se emplea la expresión “Colegio veterinario” como sinónimo de “Escuela de Veterinaria”, y se habla de “Facultad de Veterinaria” refiriéndose a la profesión veterinaria, de donde viene lo de “facultativo” para designar al profesional. Así, la primera Escuela de Veterinaria de Madrid, llevó el nombre de “Real Colegio de Veterinaria” y, sin duda, por  pereza del legislador, se mantuvo en algunos textos la equivalencia Colegio = Escuela. En el Reglamento promulgado en 17 de marzo de 1847, que suprimía la Junta Suprema  de Sanidad y creaba la Dirección General de Sanidad con fines ejecutivos, y el Consejo Nacional de Sanidad como órgano consultivo, se dispone en el art. 11 que, en la junta de Madrid, “además de los profesores [profesionales] de medicina y farmacia, habrá uno de veterinaria, que será siempre un catedrático del Colegio [Escuela] de esa Facultad” [profesión]. Lo mismo sucede con la Ley de Sanidad de 28 de noviembre de 1855, en cuyo capítulo IV se establece que formará parte del Consejo de Sanidad “un catedrático del Colegio de Veterinaria”, cargo que ocupó Dalmacio García Izcara, antiguo catedrático de la Escuela de León, entonces ya en la de Madrid.

 

 

 

3. El derecho de asociación en las Constituciones y otras Leyes fundamentales españolas

 

            3.1. Textos constitucionales a partir del siglo XIX (Sáinz de Varanda, (1957).

 

El derecho de asociación figura por primera vez en la Constitución promulgada el 1 de junio de 1869, tras el destronamiento de Isabel II. El Título I, “De los españoles y sus derechos”, en su art. 17 establece, entre aquellos de los que no pueden ser privados los españoles, el de “asociarse para todos los fines de la vida humana que no sean contrarios a la moral pública”. El art. 19 señala que las asociaciones pueden ser disueltas cuando sus miembros delincan “por los medios que las mismas les proporcionan” y la Ley de Orden Público de 23 de abril de 1870, las condiciones para suspender sus derechos.

 

            Durante la I República española, el Proyecto de Constitución Federal de 17 de julio de 1873, incluye en su Título Preliminar, punto 4º, “el derecho de reunión y de asociación pacíficas” y, en el Título II, “De los españoles y sus derechos”, relaciona en el art. 19 aquéllos de los que no pueden ser privados, el de “reunirse y asociarse pacíficamente para todos los fines de la vida humana, que no sean contrarios a la moral pública”, reproduciendo el texto de 1869.

 

            El art. 26 permite que “todo español podrá fundar y mantener establecimientos de instrucción o de educación, sin previa licencia, salvo la inspección de la autoridad competente por razones de higiene y moralidad”, añadiendo al texto de 1869, el derecho de “reunión” y el adverbio “pacíficamente”. Un decreto de Manuel Ruiz Zorrilla dice que “todos los españoles podrán fundar centros de enseñanza” y algunas diputaciones y ayuntamientos hicieron uso de tal autorización dando origen a las Escuelas Libres de Veterinaria, cuyas consecuencias fueron negativas para la profesión. Rafael Pérez del Álamo, albéitar promotor de la Escuela de Sevilla, fue famoso como caudillo de una revolución de campesinos andaluces (Madariaga de la Campa, 1973).

 

La Constitución de 30 de junio de 1876, tras la Restauración de la monarquía en Alfonso XII, en el Título I, “De los españoles y sus derechos”, art. 12 recoge lo relativo al art. 26 del proyecto de Constitución Federal, con el añadido de “con arreglo a las leyes” y reservándose el Estado la expedición de los títulos profesionales y la forma de probar la aptitud. El art 13 incluye en la lista de los derechos de todo español, el de “asociarse para los fines de la vida humana”, utilizando la expresión de las constituciones anteriores, pero sin exigir que no fueran “contrarios a la moral pública”, como antes figuraba.

 

            El gobierno de Práxedes Mateo Sagasta, suegro del farmacéutico y político leonés Fernando Merino,  promulgó la Ley de Asociaciones, de 30 de junio de 1887, durante la minoría de Alfonso XIII, que confirma en su art. 1º lo dispuesto en el 13 de la Constitución, pero amplía el texto para decir que “Se regirán también por esta ley los gremios, las sociedades de socorros mutuos, de previsión y de patronato y las cooperativas de producción, de crédito o de consumo” y, en el art. 4, fija las condiciones exigidas para la legalización. Gracias a esta ley nació en Valencia (1897) el que fue primer Colegio de Veterinarios de España, que funcionó hasta 1902 como agrupación voluntaria y se convirtió  realmente en Colegio oficial en 30 de junio de 1904.

 

El Anteproyecto de Constitución de la Monarquía Española y otras leyes complementarias presentadas a la Asamblea General, que substituyó a las Cortes durante la Dictadura de Miguel Primo de Rivera,  en  6 de julio de 1929, en su Título III, “De los deberes y derechos de los españoles y de la protección otorgada a su vida individual y colectiva”, en el art. 26 dice que “Cada cual es libre de elegir su profesión y de aprenderla como mejor le parezca. Todo español podrá, dentro de la Constitución y de las leyes, fundar y mantener establecimientos de instrucción y educación”. Al Estado corresponde expedir los títulos profesionales y establecer las condiciones que deberán reunir los que pretendan obtenerlos y la forma en que han de probar su aptitud”.

 

El art. 29.3 menciona, entre los derechos de los españoles “en su vida de relación”, el de “asociarse con sus conciudadanos para los fines de la vida humana, constituir con ellos personas jurídicas dotadas de capacidad civil que las leyes reconozcan, y coligarse con los de su oficio o profesión, para la defensa y el mejoramiento de sus intereses”.

 

La Constitución promulgada por la II República española en 9 de diciembre de 1931, dice en su art. 39: “Los españoles podrán asociarse o sindicarse libremente para los distintos fines de la vida humana, conforma a las leyes del Estado. Los Sindicatos y Asociaciones están obligados a inscribirse en el Registro público correspondiente, con arreglo a la ley”. Es la primera Constitución española donde se mencionan explícitamente los sindicatos, aunque el primero de los de España, la Unión General de Trabajadores (UGT) había nacido con el PSOE, en Barcelona, en agosto de 1888 y, también en Barcelona, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), creada en octubre de 1910 y registrada oficialmente en septiembre de 1911. Socialistas y anarquistas, se habían separado en el Congreso que celebró La Internacional en La Haya, en 1872.

 

Tras la guerra civil cambió radicalmente la estructura del Estado, pero los Colegios profesionales no se vieron afectados substancialmente, no así los sindicatos, que fueron agrupados en la Central Nacionalsindicalista.   

 

 

 

            3.2. La Constitución de 1978

 

            Aprobada  por las Cortes Generales el 31-X-1978, ratificada por el pueblo español en referéndum el 6-XII-1978 y sancionada por S. M. el Rey don Juan Carlos I ante las Cortes Generales el 29-XII-1978, se publicó en el B. O. E. núm. 311-1, de 29-XII-1978.

 

            El Título I, De los derechos y deberes fundamentales, Capt. Segundo, Derechos y libertades, Sección 1ª, De los Derechos fundamentales y libertades públicas, en su art. 28 establece el derecho de sindicarse libremente.

 

            En la Sección 2ª, De los derechos y deberes de los ciudadanos, el art. 35.1 se refiere al “Deber de trabajar y el derecho al trabajo y a la libre elección de oficio” y, en el 35.2, “La ley regulará un estatuto de los trabajadores”.

 

El art. 36 dice: “La ley regulará las peculiaridades del régimen jurídico de los Colegios Profesionales y el ejercicio de las profesiones tituladas. La estructura interna y el funcionamiento de los Colegios deberán ser democráticos”.

 

            El art. 37.1 señala que “La ley garantizará el derecho a la negociación colectiva laboral entre los representantes de los trabajadores y empresarios, así como la fuerza vinculante de los convenios”.

 

            Como es bien sabido, en la actualidad se plantea en algunos sectores de las profesiones, cierto enfrentamiento colegios profesionales vs. sindicatos profesionales, en parte por el mayor dinamismo reivindicativo de éstos respecto a aquéllos, particularmente los vinculados a los grandes partidos políticos. Lo curioso es que, en nuestra Constitución, se advierte cierta consideración primordial a la sindicación, que aparece en la primera Sección del Título I, mientras que la mención de los colegios profesionales se halla en la Sección 2ª, en la que también se incluyen referencias relacionadas con los trabajadores.

 

            Pero lo que es más importante, desde el punto de vista colegial, es que, por primera vez  en el Derecho constitucional español, se trata de los colegios de las profesiones tituladas. Quiero recordar en este momento a Ángel Zamanillo Encinas, entonces presidente del Colegio Oficial de Médicos de Salamanca y senador independiente por dicha provincia, miembro del grupo de “Progresistas y socialistas independientes” del Senado al que yo pertenecí, quien defendió la inclusión explícita de los colegios en el texto constitucional, a su paso por la Cámara Alta.

 

           

 

            3.3. Los Colegios en el Estatuto de Autonomía de Castilla y León

 

            Al desarrollarse la estructura autonómica del Estado, el Estatuto de Autonomía de Castilla y León, aprobado por Ley Orgánica 4/1983, de 25 de febrero (B. O. E. nº. 82, de 2 de marzo y B. O. C. y L., nº. 5. Extraordinario, de 10 de marzo), incluye normas legales que afectan a las organizaciones colegiales de modo directo, como es el art. 34, titulado “Competencias de desarrollo normativo y de ejecución”, que trata en el apartado 1.11ª de los “Colegios profesionales y ejercicio de profesiones tituladas”. De modo indirecto, otros apartados del mismo artículo tienen también interés para la Veterinaria, como el 34.1.1ª de Sanidad e Higiene, promoción, prevención y restauración de la salud; el art. 34.1.4ª de la Defensa del consumidor;  34.1.5ª del medio ambiente y los ecosistemas; el 34.1.8ª De la ordenación del territorio; el 34.1.9ª de montes, aprovechamientos y servicios forestales, vías pecuarias, pastos y espacios naturales y protegidos. Además, el art. 36.7 sobre los productos farmacéuticos no puede sernos ajeno a los veterinarios.

 

            Los Colegios Oficiales de Veterinarios de las nueve provincias incluidas en esta Autonomía acordaron federarse (1986), ocupando la presidencia el que lo era de Valladolid, don Paulino Díez Gómez, con nuestro compañero el Prof. Dr. Miguel Abad Gavín representando al Colegio de León. En l989, el Prof. Abad Gavín fue nombrado presidente de la Federación, la cual pasó a denominarse Consejo de Colegios Veterinarios de Castilla y León en 1998. Por Ley 7/2001, publicada en el B. O. C. y L., nº 231, de 28 de noviembre de 2001, se creó el Consejo de Colegios Profesionales de Veterinarios de Castilla y León, presidido por don Miguel Abad Gavín hasta su renuncia a la presidencia del Colegio O. de Veterinarios de León (2002). El actual presidente del Consejo es don Rafael Laguens García, presidente del Colegio de Ávila, a quien acompañan como vocales los presidentes de los Colegios de las provincias que integran la Comunidad Autónoma, entre ellos don José Luis Teresa Heredia, titular del de León.

 

 

 

            3.4. Tratado por el que se establece una Constitución para Europa

 

            En el Título II, “Libertades”, dice el art. II-72.1: “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión pacífica y a la libertad de asociación en todos los niveles, especialmente en los ámbitos político, sindical y cívico, lo que supone el derecho de toda persona a fundar con otros sindicatos y afiliarse a los mismos para la defensa de sus intereses.” Los españoles han aprobado el tratado en referéndum convocado por el gobierno, el 20 de febrero de 2005.

 

 

 

4. Etapas de la regulación del ejercicio profesional

 

            Durante la vigencia del Albeiterato, la regulación del ejercicio profesional y los aspectos relativos a lo que hoy llamamos seguridad social, especialmente la previsión, era responsabilidad de los gremios, y los albéitares, herradores y herreros, junto con otros trabajadores de metales, generalmente se unieron bajo el patronazgo de San Eloy de Noyon. Sobre estas cuestiones, tenemos valiosos estudios de varios colegas relativos a la historia de algunos colegios oficiales de veterinarios, mereciendo especial mención los de Vicente Dualde Pérez, centrados sobre la ciudad y Reino de Valencia (Dualde Pérez, 1997 y 2002)

 

            Lamentablemente, nuestra profesión llegó con retraso (1793) a incorporarse a las enseñanzas académicas respecto a las afines del mundo de las ciencias de la salud. Las primeras Escuelas de Medicina aparecen en Europa en el siglo XII, de las que fueron famosas la de Salerno y la de Montpellier y, cuando se crean las primeras Universidades, se acomodan al esquema canónico, con Facultades de Teología, Derecho, Medicina y Artes, basando la instrucción médica en los saberes de las anteriores Escuelas (Laín Entralgo, 1982). La Universidad de Salamanca, creada hacia el año 1215 (otros dicen 1218-1220), por el último rey de León, Alfonso IX, cuenta con el primer documento universitario de España, que es el Estatuto concedido por Fernando III el Santo, otorgado en la ciudad de Valladolid en 1242. Más tarde, Alfonso X el Sabio promulgó sus Ordenanzas, en Toledo, el 8 de mayo de 1254, consideradas como la Carta Magna de la Universidad salmantina, que señalaba retribuciones para las diversas cátedras, entre las que figuraba la de Física, que reunía Medicina y Ciencias Naturales (Jiménez Fraud, 1971). En el Reino de Aragón, Jaime II fundó la Universidad de Lérida, amparada por bula pontificia (1297), y Pedro IV la de Huesca, ambas con enseñanza de Medicina, con mayor importancia en la primera (Granjel, 1981). Es decir, desde el siglo XIII existía en España la enseñanza académica de la Medicina, con sus grados de bachiller, licenciado y doctor. Los Reyes Católicos establecieron el Protomedicato en 1477 y Felipe II reguló (1593) el ejercicio de medicina y cirugía con dos tipos de profesionales: los médicos (físicos), “latinistas”, formados en la universidad en obras escritas en esta lengua, a través de los grados de bachiller, licenciado y doctor, y los cirujanos (con barberos, sangradores etc.), entre los cuales había latinistas, pero predominaban los “romancistas”, que se expresaban en castellano y otras lenguas neolatinas (Fernández  Arienza, 1998).

 

            Como antecedente académico de la Farmacia se cita la cátedra de “sirogismos” de Valencia, en el siglo XVI, pero la enseñanza estuvo durante mucho tiempo vinculada a la de Medicina. A comienzos del siglo XIX se cursaron obligatoriamente algunos cursos en los Colegios de la Facultad Reunida de Medicina, Cirugía y Farmacia, y más tarde (1843-1845) en las Facultades de Medicina y Farmacia (Folch  Jou y Puerto Sarmiento, 1984). En España, a principios del siglo XIX se ordena la creación del Colegio de San Fernando de Farmacia en Madrid, situado en la calle del Barco, donde permaneció hasta 1830, que serviría de modelo para los de otras partes de España. La transformación en Facultad de Farmacia fue consecuencia del “plan Pidal”, de 1845 (Prof. Dr. A. R. Martínez Fernández, 2005, com. pers.). Algo semejante, en cuanto a la relación Medicina/Farmacia ocurrió en los EE. UU. de América, cuya primera Facultad independiente fue el Philadelphia College of  Pharmacy, creado en 1821.

 

En cuanto a Veterinaria, aunque el Tribunal del Protoalbeiterato creado por los Reyes Católicos en 1500, representó un reconocimiento de la profesión como “arte liberal y científico”, tuvo que esperar hasta finales del siglo XVIII para contar con una enseñanza académica, con el Real Colegio de Veterinaria de Madrid (1793), aunque, para nuestra desgracia, no se suprimió el Protoalbeiterato sino que, por Decreto de 6 de agosto de 1835, se fusionó con la Escuela de Veterinaria de Madrid, dando lugar a la que tomó el nombre de “Facultad de Veterinaria”, hasta 1852 en que desapareció, de manera que, desde finales del s. XVIII hasta esta fecha, se expidieron ambos títulos, con lo que, en España, coexistieron con los albéitares, durante muchos años, veterinarios de varias clases (de primera, de segunda y graduados en las Escuelas libres). Estas dos circunstancias, tardía incorporación a la enseñanza académica y persistencia de la albeitería, han contribuido poderosamente al retraso con que la sociedad ha valorado adecuadamente a la Veterinaria moderna en España, hasta su plena incorporación a la Universidad (Sanz Egaña, 1941; Anónimo, 2002).

 

Sanz Egaña (1941), Dualde Pérez (1997), Sánchez Lubián (1997) y Moraleda Benítez (2004), entre otros, han estudiado el proceso del asociacionismo en nuestra profesión en España, desde la etapa gremial hasta finales del siglo XIX, cuando avanza el sentimiento corporativo que desemboca en la creación de los Colegios veterinarios, cuyas constantes preocupaciones han sido la beneficencia, la persecución del intrusismo y la mejora de la preparación científica y técnica de sus miembros, como base del prestigio de la profesión, con la ambición de alcanzar mayor consideración social.

 

Las primeras asociaciones propiamente veterinarias comienzan a crearse con fines benéficos, como la presidida  por Ramón Llorente Lázaro, con el nombre de “Asociación Veterinaria de Socorros Mutuos”, en 1840, de vida efímera.

 

            Juan Morcillo y Olalla, aparte de su gran mérito como precursor de la inspección veterinaria de alimentos, fue el promotor de la Asociación Veterinaria de las Riberas del Júcar (1852).

 

            En 1855 nace la Academia Española de Veterinaria, con el propósito de mejorar la formación científica de sus miembros y “la adquisición de los derechos que les correspondan”.

 

            Téllez Vicén y Santiago de la Villa promueven la Unión Veterinaria (1878) y, por fin, en 1884 surge la Liga Nacional de los Veterinarios Españoles, primer intento de unión de todos los profesionales,

 

            En 1897 se crea el primer Colegio en Valencia (Anónimo, 1997) y, en el primer año del siglo XX, los de Barcelona, Segovia, Vizcaya, Navarra, Huesca, Zaragoza, Logroño, Castellón de la Plana, Jaén… continuando en 1902 con el de Alicante y, a partir de 1904, con los de Badajoz, Madrid, Cuenca, Valladolid, Málaga, Granada, Ciudad-Real, Cádiz, Cáceres, Gerona etc. Varios Colegios cuentan con publicaciones conmemorativas del proceso (Calero Carretero y Gómez-Nieves, 1995; Anónimo, 1997; Anónimo, 2000; Anónimo, 2002, Camps Rabadá, 2000), aparte de referencias en otros trabajos (Vives Vallés, 2003; Dehesa Santisteban, 2004;  De Juana Sardón, 2004; Moraleda Benítez, 2004).

 

            El asociacionismo veterinario, que ya iba fraguando en los Colegios, demandaba un dinamismo que desbordaba el marco colegial provincial y buscaba abarcar todos los sectores de la profesión y alcanzar una organización nacional, aunque había reticencias en algunos colegios a perder autonomía. Cristaliza así la Asociación Nacional Veterinaria Española (ANVE) en 1922, con motivo de la V Reunión que tuvo lugar en Madrid y se constituyó legalmente en 17 de abril de 1923, con Dalmacio García Izcara como presidente y Félix Gordón Ordás, como Secretario. La Dictadura de Primo de Rivera la suspendió por R. O. de 27 de octubre de 1925, cuando era presidente Cesáreo Sanz Egaña, por la intervención de Félix Gordón Ordás en el conflicto entre el catedrático de Fisiología de Madrid y los alumnos. En mayo de 1926 nació la Unión Nacional de Veterinarios, que se disolvió en l928, cuando el Ministerio de Gobernación intentó  crear una nueva entidad que agrupara  todas las existentes que se ocupaban de aspectos económicos, benéficos y culturales, pero fracasó. En respuesta a la solicitud de una asamblea de representantes provinciales de la extinta ANVE, por R. O. de 11 de febrero de 1930  se dejó sin efecto la R. O. que la había extinguido y se la  restableció con los mismos Estatutos que tenía y la misma directiva. En 16-19 de mayo de 1930 la VI Asamblea Nacional eligió nueva directiva, bajo la presidencia de Gordón Ordás, con otro leonés como vicepresidente, Rafael González Álvarez. El 30 de agosto de 1945 se aprueban las Ordenanzas de los Colegios Provinciales y del Consejo General; éste último había pasado a llamarse “Consejo General de los Colegios Veterinarios de España” desde el 4 de febrero del mismo año (Sáiz Moreno  y Pérez García, 1987; Anónimo, 2002).

 

            La colegiación de los miembros de las profesiones sanitarias comenzó siendo voluntaria, según la Instrucción General de Sanidad (12 de enero de 1904), cuyo Capítulo II, titulado “Colegios y jurados profesionales”, establece en su art. 85  que “Podrán los médicos, farmacéuticos y veterinarios colegiarse, conjunta o separadamente, para mejoramiento mutuo, apoyo e instrucción de sus clases respectivas. Procurarán el fomento de la lucha contra el intrusismo, la creación de montepíos y sociedades de seguros”. Estas asociaciones podrían tener el carácter de “oficiales” solicitándolo del Ministerio de la Gobernación.

 

              En 1916 se hizo obligatoria la colegiación de los farmacéuticos con oficina de farmacia abierta y, en l918, la de los médicos. Los veterinarios permanecieron al margen de este precepto hasta el R. D. de Gobernación de 27 de marzo de 1922, que los incluyó en la obligatoriedad, por entender que la Veterinaria era “digna, tanto por su cultura, como por su importancia social, de que se le concedieran [estas ventajas] para su mejoramiento, instrucción y mutuo apoyo”. Por R. O. del Ministerio de Gobernación de 13 de agosto, se aprobaron los Estatutos.

 

En el R. D. de Gobernación de 13-VIII-1922 se promulgaron los Estatutos de las Asociaciones [Colegios] de Veterinarios de España, imponiendo la colegiación obligatoria de todos los ejercientes civilmente y dejando fuera de este deber a los veterinarios militares y a los civiles sin ejercicio profesional privado.

 

            La financiación pesaba sobre los propios colegiados, que debían aportar sus cuotas pero luego, apoyándose en los servicios que prestaban a la sociedad, lograron que, por R. D. de 19-XI-1924, se autorizara a los colegios a emitir un sello por importe de 0,10 ptas, para allegar fondos para su sostenimiento económico.

 

            Cuando se acercaba el final del reinado de Alfonso XIII, por R. D. de 18-VI-1930 se organizaron los servicios veterinarios centrales, provinciales y locales de España.

 

            Con la llegada de la II República española (1931) fructificaron años de lucha profesional con la creación de la Dirección General de Ganadería e Industrias Pecuarias, tarea en la que fue indiscutible protagonista principal, el leonés Félix Gordón Ordás, primer presidente de honor de nuestro colegio (Cordero del Campillo, 1973 y 2004a).

 

            Entre los fines de los Colegios profesionales se confirman la mejora de la preparación intelectual y profesional de sus asociados, junto con la atención a la promoción social de la Veterinaria; la regulación del ejercicio profesional, incluyendo la vigilancia de los valores éticos y la atención hacia nuevo campos de trabajo que surgen en las sociedades desarrolladas; la elevación de propuestas a las autoridades y, en su caso, la reivindicación, ante las administraciones públicas; la defensa contra el intrusismo, los socorros mutuos y la previsión de pensiones y ayudas diversas, en fin, una territorio siempre abierto a la inquietud, inteligencia y dinamismo de las minorías dirigentes de la profesión, levadura imprescindible para lograr la participación de la masa profesional.

 

            Los colegios y otros tipos de asociaciones veterinarias siempre han estado presentes en las cuestiones que preocuparon a la profesión. Lo mismo discutían sobre el número de Escuelas o Facultades, públicas o privadas que existían, solicitando generalmente la supresión de algunas, que participaban en propuestas sobre los planes de estudio. Hay que decir que, no pocas veces, los colegios fueron muy por delante del profesorado de las Escuelas/Facultades en la toma de conciencia de la existencia de problemas y en la aportación de ideas. De ellos nacieron propuestas para que se regulara legalmente la policía sanitaria, tanto en lo que respecta al mundo animal (epizootias etc.) como en su relación con el papel del veterinario como miembro del colectivo responsable de la Sanidad Nacional. La exigencia del título de bachiller para ingresar en las Escuelas y no solo los conocimientos equivalentes a dicho grado, que se demostraban en los exámenes de ingreso; la conversión de las Escuelas en Facultades universitarias; el establecimiento de estudios de doctorado, etc. etc. Fueron las reivindicaciones de la profesión, muchas veces gestadas en las asociaciones y colegios veterinarios, las que reclamaron la creación de cuerpos específicos al servicio de la administración central y periférica del Estado, desde el Cuerpo de Inspectores Pecuarios, que llegaría a ser el Cuerpo Nacional Veterinario, hasta las plazas de Inspectores Municipales Veterinarios, convertido en el Cuerpo de Veterinarios Titulares que, desde 1963, pasaron a ser remunerados directamente por el Estado y no, como venía siendo reglamentario, por los municipios, que pagaban poco y mal.     

 

            No es sorprendente descubrir que las etapas del asociacionismo profesional veterinario se han repetido en otros países, incluyendo Francia, donde se crearon las primeras Escuelas de Veterinaria. Así, nació en el Departamento de Calvados y de la Mancha (1829), la primera asociación veterinaria con el propósito de desarrollar la preparación cultural y científica, y para combatir a los empíricos, que fue seguida de otras sociedades dispersas por Francia, incluidas la de Alfort (1844), que añadía a sus fines la mejora de la posición social de los veterinarios, y la de Toulouse (1857), donde se crea una sociedad de socorros mutuos y defensa de la profesión y, al tiempo, toma conciencia de la conveniencia de pasar de los niveles locales a los nacionales, de manera que el proceso concluye con la creación del Grand Conseil des Vétérinaires de France, con sede en París (1878). Posteriormente, llegó la ley de 1920 que dio el derecho de sindicación a las profesiones liberales y, durante la vigencia del régimen de Vichy (1942), transformó la federación de sindicatos en la Orden de los Veterinarios  (Hubscher, 1999).

 

 

 

 5. Los Colegios de los sanitarios leoneses: el Colegio de Veterinarios de León

 

5.1. Médicos y farmacéuticos.

 

Sobre la historia de la medicina leonesa, incluyendo su Colegio Oficial, ha trabajado eficazmente Fernández Arienza (1998). En 1898 se iniciaron los movimientos para la creación, con motivo del R. D. sobre Estatutos para el Régimen de los Colegios de Médicos. La primera noticia aparece en el B. O. de la Provincia, el 16 de septiembre de 1898, con la lista de los miembros elegibles. No hubo ningún entusiasmo, sino disputas por la colegiación obligatoria,  a la que se oponían algunos sectores, arguyendo que atentaba a la libertad de los profesionales. Así las cosas, nada se hizo, de manera que el 8 de noviembre de 1900, el Director General de Sanidad envió carta-circular recordando que la R. O. del 3 del mismo mes concedía un plazo de dos meses para que se constituyeran los colegios de médicos y de farmacéuticos, en las provincias que aún no lo hubieran constituido.

 

            El 22 de enero de 1904, con motivo de una Instrucción de Sanidad, un reducido grupo de médicos se reunió en los locales de Amigos del País, el 7 de agosto de ese año, para nombrar una Junta Directiva, pero aquel proyecto se extinguió sin más consecuencias, hasta que, el 15 de junio de 1917, se reunió un grupo de médicos en el salón de actos de la entonces Escuela Especial de Veterinaria (Cordero del  Campillo, 2004b), para elegir la Junta directiva y aprobar el reglamento de interior. En la misma sesión, confirmaron a los miembros de la Junta que venía actuando interinamente, resultando presidente don Emilio Hurtado Merino. Fue la refundación y consolidación definitiva del Colegio.

 

            El Colegio Oficial de Farmacéuticos de León se fundó en 1901 (El Porvenir de León, 26 de enero de 1901, com. pers. R. Cubillo y Mª Luisa Martínez), bajo la presidencia de Ricardo G. Cienfuegos, con Jacinto Peña como secretario, y con los vocales Justino Velasco Fernández (farmacéutico y veterinario, catedrático de la Escuela), Joaquín Rodríguez del Valle y Andrés Arenas, contador Pedro Barthe Ramos y tesorero Sabino Plaza González. La refundación tuvo lugar en 20 de marzo de 1920 (Viñayo, 1995).

 

Es importante destacar que la creación de estos colegios de profesionales sanitarios fue acompañada de un sentimiento de pertenencia a un común quehacer en  favor de la sanidad pública, como prueba la Unión Sanitaria Leonesa, creada por iniciativa del médico Félix Salgado Benavides, con sede en el Colegio de Médicos (situado entonces en la Plaza de San Isidoro), la cual agrupaba a médicos, farmacéuticos, veterinarios y practicantes, con la finalidad de proteger y prestigiar a los sanitarios de la provincia. Como presidente se nombró al médico y veterinario Juan Morros García, director de la Escuela de Veterinaria, como vocal al veterinario y profesor auxiliar de la misma, Francisco Moratiel Álvarez y como secretario al también veterinario Narciso Espinosa Maeso. La sociedad editaba un Boletín, cuyo primer número apareció en junio de 1921.

 

           

 

5. 2. El Colegio de Veterinarios de León

 

Se creó el 25-VI-1908, por iniciativa del catedrático veterinario y maestro Emilio Tejedor Pérez, quien actuó como presidente interino de la reunión que tuvo lugar ese día en la Escuela de Veterinaria, en la que participaron unos sesenta veterinarios, entre asistentes y adheridos al acto, según La Veterinaria Española, núm. 1826, de 10-VII-1908. Los objetivos que se proponía el Colegio eran la lucha contra el intrusismo, estrechar los vínculos de amistad y cordialidad entre quienes ejercían la profesión, defender los intereses legítimos y los derechos que las leyes le otorgaban, solicitar cuantas medidas enaltecieran las condiciones de vida de los veterinarios y, a la par, fueran beneficiosas para la salud pública y el fomento pecuario. El Diario de León publicó el anuncio de la convocatoria el 16 de junio y el resultado de la reunión  el 26 de junio de 1908 (R. Cubillo, com.  pers., 2005).

 

El periódico citado califica de “hermosos párrafos” los incluidos en la alocución del catedrático, quien señalaba que la misión del veterinario no era solo el herrar caballerías y tratar las enfermedades de los animales domésticos, “como desgraciadamente se cree por muchos”, sino que tenía muy amplios horizontes proyectados hacia las investigaciones biológicas, la salud pública, el control higiénico de los alimentos y muchos más. El orador, como era habitual en la época, invocaba permanentemente el progreso y la dignidad de “la clase”. La primera Junta directiva contó con el citado Emilio Tejedor Pérez, como presidente, Justino Velasco Fernández, veterinario catedrático de la Escuela y doctor en Farmacia, como vice-presidente y Ángel Juan Santos González, como secretario (Cordero del Campillo, 1983, 2004b). Entre los acuerdos figura publicar un periódico como órgano colegial, a partir del 1º de septiembre siguiente, titulado La Veterinaria moderna, cuyo primer número apareció en ese mismo mes, según informa el Diario de León de 7 de septiembre de 1908 (R. Cubillo, com. pers., 2005).   

 

En el segundo decenio del siglo XX hay una gran inquietud profesional veterinaria, con el protagonismo de Gordón Ordás y la participación de Dalmacio García Izcara, quienes crean la Revista de Higiene y Sanidad Veterinaria (1911), impresa en los talleres de La Democracia, periódico republicano de León, que dirigía Miguel Castaño Quiñones. La publicación pasó a denominarse Revista de Higiene y Sanidad Pecuaria en 1917, año en que publica un complemento titulado La Semana Veterinaria. Ambas publicaciones cesaron en 1936 al comenzar la guerra civil.

 

El Colegio pasó por periodos de decadencia, de modo que fue precisa su recreación en 1925, efemérides que, olvidando los antecedentes de 1908, se conmemoró como 75 Aniversario del Colegio, con una bella exposición en la sala del Edificio Gaudí de Caja España (Anónimo, 1998). Ocupó la presidencia de este Colegio renacido Nicóstrato Vela Esteban (1925-1926), director del matadero municipal y profesor auxiliar de la Escuela de Veterinaria, seguido por Aureliano González Villarreal, catedrático de la Escuela (1926-1932). Miembros de la Junta fueron también los hermanos Nivardo y Ángel Santos González  (Lagartos, 1998).

 

En 1927 aparece en León, bajo la dirección de Pedro González Fernández, catedrático de la Escuela de Veterinaria, con la colaboración del también catedrático Indalecio Hernando Martín, la Revista de Medicina Veterinaria y Ganadería, con un semanario titulado Información Veterinaria, editados en la Imprenta Provincial. En este boletín polemizaba con Gordón Ordás, al que dirigía cartas, que recibían irónica respuesta en la Semana Veterinaria, llamando al catedrático “Perico, el de las Epístolas”.  

 

El periodo de la II República, fue profesionalmente muy positivo para la Veterinaria, que logró la creación de la Dirección General de Ganadería, gracias a Félix Gordón Ordás, a quien el Colegio nombró presidente de Honor. Políticamente, sin embargo, aquel periodo fue muy convulso y acabó en la lamentable guerra civil, de la que mejor es no hablar.

 

            Durante muchos años los servicios administrativos del Colegio estuvieron eficazmente desarrollados por Guillermo Lagartos Fernández, siempre dispuesto a facilitar las actividades de los colegiados, incluso en cuestiones particulares. Había empezado como auxiliar de la Inspección Veterinaria de la Junta Provincial de Fomento Pecuario en 1934, que dirigía Primo Poyatos Page, del Cuerpo Nacional Veterinario. Cuenta Guillermo Lagartos, en textos que él mismo ha editado para memoria del Colegio (1998), en los que muestra su amor a la Veterinaria, que, desde la Asociación [Colegio], con permiso del citado Inspector provincial, Fernando Vega Vaca inspector municipal veterinario de Benavides de Órbigo y José Álvarez Díez, que desempeñaba la plaza de Carrizo de la Ribera, solicitaron su colaboración con los veterinarios municipales para la tramitación y custodia de impresos de guías, recetas de estupefacientes, sellos y la habilitación del Colegio. Guillermo que, en 1982 había sido condecorado con la Cruz de Oficial de la Orden Civil del Mérito Agrícola, se jubiló en 1985 y, por sus muchos merecimientos, recibió el título de Colegiado de Honor, concedido por la Junta de Gobierno presidida por José Teresa Remis, que le fue entregado el 4 de octubre de 1985 por el presidente siguiente, Miguel Abad Gavín, catedrático de la Facultad de Veterinaria.           

 

El Colegio, que nació amparado por la Escuela de Veterinaria,  ha tenido varias sedes. A finales de 1933 se instaló en el piso 2º derecha del edificio Botines, obra del arquitecto Antoni Gaudí, del número l de la calle Ruiz de Salazar, frente al Palacio de los Guzmanes, que alberga la Diputación de León. Era entonces, y sigue siendo actualmente, sede de la Caja de Ahorros de León, hoy Caja España. Desde allí, se trasladó en 1960 a la Avenida del Alcalde Miguel Castaño, núm. 1, 1º izquierda, un piso adquirido a los herederos del colegiado Ángel Santos González, antiguo secretario del Colegio y durante muchos años de la Escuela/Facultad de Veterinaria. Hoy inauguramos esta nueve sede, en la calle dedicada a Pepe Gracia, fotógrafo, personaje vinculado a la Veterinaria, pues de Germán, su padre, conservamos fotografías de la Escuela de Veterinaria, cuando estuvo en el viejo convento de la plaza que entonces se llamaba de la  Veterinaria, hoy de Santo Martino. Pepe Gracia fue suegro de nuestro compañero Manuel Pla Hernández y, como dato curioso más, algunas de mis fotos infantiles fueron realizadas por este entrañable personaje, uno de cuyos libros de fotografías leonesas (Las fotos de Pepe Gracia, León, 1986) he tenido el honor de prologar.

 

Hagamos votos para que este nuevo hogar de la Veterinaria, sirva para mantener los fines de los fundadores y prestigiar el ejercicio profesional de todos los miembros. También agradezcamos a nuestro presidente, José Luis Teresa Heredia y todos los miembros de la Junta directiva,  las gestiones que han llevado a cabo para lograr estas dignas instalaciones.    

 

           

 

             

 

6. BIBLIOGRAFÍA

 

 

 

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7. ANEXO

 

            Presidentes del Colegio Oficial de Veterinarios de León (1908-2005)

 

Fundación

 

D. Emilio Tejedor Pérez (1908-19..?)

 

Refundación

 

D. Nicóstrato Vela Esteban (1925-1926)

 

D. Aureliano González Villarreal (1926-1932)

 

D. Fernando Vega Baca (1932-1938)

 

D. José Álvarez Díez (1938-1940)

 

D. Santos Ovejero del Agua (1940-1943)

 

D. Isidoro Pellitero Morán (1943-1946)

 

D. Fernando Vega Baca (1946-1949)

 

D. Jaime Rojo Rodríguez (1949-1952)

 

D. Manuel Rodríguez Tabarro (1952-1954)

 

D. Miguel Cordero del Campillo (1954-1956)

 

D. Valentín Rodríguez  y Rodríguez  (1956-1962)

 

D. Toribio Ferrero López (1962-1963)

 

D. Antonio Díaz Domínguez (1963-1963)

 

D. José Fernández Ramón (1963-1977)

 

D. José Teresa Remis (1977-1983)

 

D. Miguel Abad Gavín (1983-200.)

 

D. José Luis Teresa Heredia (30-IV-2002- continúa).

 

 

            Presidentes de Honor

 

 

D. Félix Gordón Ordás (24-VI-1931. Ratificado: 27-II-2003)

 

D. Santos Ovejero del Agua (10-XI-1943)

 

D. Jaime Rojo Rodríguez, a título póstumo (24-VI-1954)

 

D. Miguel Cordero del Campillo (26-I-1974)

 

D. Miguel Abad Gavín  (22-V-2002)

 

 

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